lunes, 13 de diciembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
Edades y países
http://orsai.bitacoras.com/2005/10/la_verdadera_edad_de_los_pases.php
martes, 9 de noviembre de 2010
viernes, 5 de noviembre de 2010
martes, 26 de octubre de 2010
lunes, 25 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
Can we date? (infographic)
El artículo completo aqui. Muy interesante, todas las posibilidades contempladas, para cuando tengan dudas.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Chistecín (pro ingenieros ja)
Sabido es que los Ingenieros por su honestidad y don de gente siempre van al cielo.
San Pedro buscó en su archivo, pero últimamente andaba un poco desorganizado y no lo encontró en el montón de papeles, así que le dijo:
'Lo lamento, no estás en la lista, no te puedo dejar entrar, vas a tener que ir al infierno'.
De modo que el Ingeniero se fue al infierno. Poco tiempo pasó y el Ingeniero se cansó de padecer las miserias del infierno, así que se puso a diseñar y construir mejoras.
Con el paso del tiempo, ya tenían ISO, SAP, monitoreo de cenizas, aire acondicionado, calderas automáticas, inodoros automáticos, sala de máquinas, programas de seguridad y prevención de accidentes, escaleras eléctricas, redes de comunicaciones con fibra óptica, programas de mantenimiento predictivo, sistemas de control field bus y Hart, sistemas de control de acceso mediante huella digital, Wi-fi, I-PODs, etc.,
Un día Dios llamó al Diablo por teléfono y le preguntó:
'¿Y que... cómo andan las cosas por allá?'
¡¡Estamos de puta madre!! Contestó el diablo... Estamos certificando ISO 9000, 14000,18000, 21000, tenemos sistema de monitoreo de cenizas, aire acondicionado, inodoros con drenaje por sensor infrarrojo, escaleras eléctricas con control automático de carga, equipos electrónicos para ahorro de energía, Internet inalámbrico, etc. Hasta tengo mi propia página de Internet.
Dios preguntó entonces ¿Queeeeé ... acaso tienen un Ingeniero allí?
El diablo contestó...
- Si, ¿Por?
-¡¡¡NO PUEDE SER, que hace ahí un Ingeniero!!! Los ingenieros siempre van al cielo
-¡Me lo mandás inmediatamente!
-¡Ni en pedo! Dijo el diablo..........Me voy a quedar con él eternamente'.
.'Mándamelo o... ¡¡TE DEMANDARÉ!!'
Y el Diablo se empezó a cagar de risa
¿Ah Siiiiiiiiiiiiii? y ...
¿DE DÓNDE VAS A SACAR UN ABOGADO?
miércoles, 1 de septiembre de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Un bonito mensaje de aliento
Que lo disfruten! .-D
lunes, 26 de julio de 2010
Lo imposible, eso que sucede
OPINION
Lo imposible, eso que sucede
Ahora que es realidad no puedo decir que lo soñé alguna vez. Es que aunque a veces se habla de las convicciones profundas en términos de sueño, ellas habitan en las cosas y los hechos concretos de este mundo. No podía soñar con que iba a llegar el día en que pudiera, finalmente, inscribir a mi hijo menor como lo que es, mi hijo. Que cuando aprenda a hablar y le pregunten su nombre pueda decir Furio Carri Dillon. O Furio Dillon Carri, aprovechándonos de esa ventaja que tenemos las lesbianas en desmedro de las mujeres heterosexuales –Liliana Teresita Negre dixit– de elegir cuál apellido va primero. No lo soñé. Pero, ahora que es realidad, ¿de qué se trata esta sensación de estar acariciando con mis propias manos esas nubes gordas que prometen nieve en Buenos Aires para hoy mismo? ¿No se parece demasiado a estar habitando ese territorio en el que es posible tanto volar como ser otra y a la vez ser yo misma? Y no, no tengo que restregarme los ojos, estoy despierta, aunque de a ratos tengo que secármelos porque las lágrimas arrecian como agua corriendo sobre la ventana de los viejos restaurantes chinos.
Mi compañera –ya no tengo que decirle “esposa”, porque ahora el tipo de vínculo estará en el papel y yo puedo elegir la palabra que mejor la represente– mandó ayer un mensaje de texto en respuesta a tantos de amigos y amigas que llenaron nuestras casillas: “Viva la patria”, decía. Y a mí sólo me dan ganas de besarla en la boca, de ponernos a bailar en medio del desayuno, de irme de viaje para siempre por la orilla de su cintura. Porque en ese “Viva la patria” se cruzan una suma de dolores y experiencias compartidas que siempre estamos resignificando. Muchas veces nos preguntamos qué dirían nuestras madres desaparecidas de nuestra familia y de nuestro amor. Ellas –y él, tengo que sumar a mi suegro—, que eran tan estrictas en su moral revolucionaria, ¿hubieran venido a casa a acunar a nuestro pequeño con la soltura y el desprendimiento necesarios? “Sí”, nos contestamos. Y no es una respuesta ilusionada. Es la constatación de sus voces en las voces de sus compañeros y compañeras sobrevivientes que nos llenan de amor a diario desde la distancia que sea. Esto que sucedió ayer a la madrugada seguramente no estaba en sus agendas de revoluciones urgentes. Pero sabemos que hubieran festejado y llorado a moco tendido, como lloramos nosotras mientras el teléfono no para de sonar y los abrazos y las sonrisas no cesan de ponerles ritmo a nuestros latidos.
Una sensación de orgullo me explota en el pecho el día de hoy. De orgullo por los vínculos que supimos construir, porque sé profundamente que nuestras elecciones están tan ligadas a la vida que nos han salvado de tanta muerte. De tantas muertes. De los amigos y amigas que no llegaron a este momento y me hubiera gustado abrazar ayer en la plaza. Liliana Maresca, Sergio Avello, Feliciano Centurión, Alejandro Kuropatwa, Paco Jiménez; la lista sigue, pero no podría incluir a tantos y tantas que murieron de sida en tiempos en que los mismos que ahora nos condenan al infierno daban por merecidas esas muertes por haber desafiado la hipócrita moral pseudo cristiana, los mismos que se oponían –y se oponen– a difundir el uso de preservativos, a hablar de prácticas sexuales concretas que podrían haber evitado tantas infecciones. Sé que todos ellos estuvieron en la Plaza del Congreso conmigo y junto con tantos y tantas ausentes que seguramente acompañaron de alguna manera a sus amigos.
Algo se ha transformado radicalmente desde la madrugada del jueves. Aunque la resistencia seguirá siendo mucha. Nuestra familia entra en la historia con nombre y apellido. Es nuestro caso particular. Un mundo para nosotras, que no podemos dejar de ver con ojos maravillados cómo se despliegan cientos de casos particulares que están haciendo estallar esa figura vergonzante del closet, ese lugar encerrado que obligaba al silencio y a la impostura de vidas prestadas. La alegría nos desborda, las lágrimas están haciendo de nuestra casa un mar en el que nos agitamos, felices de que la marea sacuda los últimos restos del miedo. Y lo que es mejor: si esto fue posible, si hemos podido atravesar en conjunto ese corset de hierro al que nos somete la pacatería y la violencia moral de ciertas religiones, muchas cosas más serán posibles. ¿O acaso no están yendo a cárceles comunes tantos genocidas que se creyeron impunes durante tanto tiempo? Es lo imposible, y esto es un hecho, sólo tarda un poco más. Sobre todo cuando hay un río de voluntades empujando la corriente.
lunes, 12 de julio de 2010
Intelectuales y poder
Poderes

Tres veces estuvo Platón en Siracusa, reino de Sicilia. La primera invitado por el tirano Dionisio, llamado “el Viejo”, las otras dos por su hijo, Dionisio “el Joven”. Su prestigio había trascendido Atenas y, por ese motivo, queriendo sacar provecho de sus enseñanzas, ambos reyes lo quisieron junto a ellos, ansiosos de extraer el jugo de su saber para mejor gobernar a sus díscolos y desdichados pueblos. Acaso ignorante de lo que eran, acaso halagado en su vanidad, acaso disconforme con sus paisanos, Platón, pese a su capacidad de juicio, aceptó las respectivas invitaciones con pésimos resultados. Como de pronto se le ocurrió hablar mal de la tiranía, el primer Dionisio lo apresó y lo puso en venta como esclavo; a duras penas salió del aprieto y lo sorprendente es que se prestó dos veces más, estimulado por la posibilidad de proveer de ideas a su admirador, ya no el viejo sino el joven. Por fin regresó, desengañado sin duda de su poder de convencimiento, fundó en Atenas la famosa Academia y es como si se hubiera dicho “filósofo a tu filosofía, el poder es ingrato y cruel y creer que se le pueden infundir ideas sabias, de bien, es una pura ilusión”.
Creo que éste es uno de los primeros episodios de las tortuosas relaciones entre intelectuales y poder, aunque quizás haya habido otros antes –por supuesto hubo muchos después–, y del fracaso de lo que modernamente se conoce como “entrismo”, esa teoría, o más bien pretensión teórica, según la cual el intelectual le sopla en el oído al político, mandatario o candidato, con el benéfico fin de hacerle tomar las mejores decisiones, o sea esas que él cree que son las mejores según su sabiduría y experiencia y a las cuales el político no se ha ni siquiera asomado. El triste final de esa creencia es previsible, el mandatario se aburre del zumbido y manda al diablo al que estaba convencido de que le hacían caso porque era un intelectual.
Y si bien a Platón le fue mal, peor la pasó Séneca. Según recuerda José Ferrater Mora en su Diccionario de Filosofía, poseedor de un sólido sistema de pensamiento, de alcance sobre todo moral, fue convocado como maestro del joven e impetuoso Calígula y luego de Nerón: debe haber pensado que sus ideas ordenarían la vida disoluta del Imperio, pero Nerón no opinaba lo mismo y le ordenó que se suicidara, orden que cumplió, estoico como era. Otro fracaso de la ilusión intelectual: o bien Séneca no sabía lo que había pasado con Platón, o supuso que a él no le ocurriría lo mismo, o descansó en la vieja y siempre renovada fantasía de que quien piensa o tiene ideas es tan obviamente superior al hombre del poder que éste no tendría más remedio que, deslumbrado, ceder a su influjo y portarse bien. Y si así le fue a Platón, ¿les irá mejor a quienes ahora, renunciando a lo que saben y pueden hacer, se dejan arrastrar por esa remota ilusión?
Maquiavelo fue más astuto y por eso tuvo más suerte: no intentó dirigir al “Príncipe”, sino que lo observó y sacó de ello conclusiones que orientaron a otros príncipes, contemporáneos y sucesivos, sin ponerlos incómodos, o sea sin pretender dirigirlos. Su idea acerca de que en la naturaleza hay “jefes” y “subordinados” no podía sino acarrearle el aplauso de los jefes: los subordinados no tenían mayor opinión.
Un contraejemplo interesante es el de Spinoza: supo permanecer en su rincón filosofando y puliendo cristales, aunque ciertos poderosos habrían querido tenerlo a su lado para, según la tradición, usarlo y luego venderlo como esclavo, o bien guardarlo de por vida en una mazmorra, o bien arrojarlo lisa y llanamente al basurero. O terminar por hacerle algún homenaje, después de muerto sin duda, como para mostrar que el poder respeta al intelectual. Y ponerle su nombre a una calle.
También le pasó a Voltaire: se le debe haber escapado una broma y Federico de Prusia lo mandó de regreso a su casa, casi sin agradecerle los buenos momentos que habían pasado juntos y que le habían hecho creer al filósofo que sus luces iluminaban al no tan tosco monarca. Y así siguiendo, la lista es interminable de grandes nombres, cuanto no lo será de pequeños y olvidados que tal vez sirvieron un poco alguna vez, pero creyendo que eran el cerebro de esas manos que construían o destruían, según la fuerza o la arbitrariedad o, más claramente aún, el juego de fuerzas que les habían permitido hacerse del poder. Si mal no recuerdo, para componer su vibrante Petróleo y política, el entonces dinámico Arturo Frondizi recurrió a algunos sólidos pensadores de izquierda que pusieron todo lo que sabían y querían y ya se ve lo que pasó en la práctica con lo que el libro, lleno de ideas, preconizaba.
En un plano de mera astucia, aunque no tan alejado de las mencionadas ilusiones de intelectuales, se registran infortunados episodios de esa penosa situación en el curso del atormentado siglo XX. Heidegger –nos cuenta su biógrafo Rüdiger Safranski– creyó que podía proporcionar coherencia y rigor al incipiente nacionalsocialismo: no advirtió que a la teoría nazi le bastaban tres o cuatro rudimentarias ideas para progresar y que no necesitaba de complicaciones posfenomenológicas y metafísicas; en todo caso Hitler dejó de lado el “ser” y se quedó con la “nada”, ya se sabe lo que fue. Entró en el partido, se disfrazó para congraciarse con los SS y, por fin, vencido por la sofocante histeria hitleriana, se recluyó en un rincón de la Selva Negra para salvar el pellejo, no se sabe si salvó el alma. Cosa parecida ocurrió, aunque más calladamente, con José Ortega y Gasset, quien, según su biógrafo Gregorio Morán, quiso ser el pensador del franquismo con tan poca suerte que al primitivo Franco, que había hecho todo para exterminar a los rojos, desdeñó la brillante teoría de la “razón vital”, que había hecho famosa el filósofo y se quedó con las groseras consignas de Primo de Rivera, más útiles para hacer lo suyo.
¿Y qué decir de los políticos-intelectuales? Muchos casos se han visto de personas formadas en las izquierdas más radicales que, hartos de pensar y analizar y tener siempre razón sin por ello lograr la adhesión de las clases a las que han intentado interpretar y favorecer, se pasan al enemigo –cosa que los intelectuales de derecha no tienen por qué hacer porque ellos mismos son el enemigo– con la idea de infundirle ideas, convencerlo acerca de lo que debe hacer para hacer mejor lo que se propone y que vendría a ser no lo que el enemigo quiere sino lo que ellos quieren, en suma transformarlo desde adentro, un adentro que si algo sabe hacer es poner en movimiento su sistema inmunológico. Un camino se les abre a los entristas: asimilarse al cuerpo político al que quisieron cambiar y desaparecer como entristas o, cansados otra vez de un ímprobo e inútil esfuerzo, regresar a un redil que ya no los acepta porque todo ha cambiado y esa teoría vuelve a mostrar su debilidad o su exceso de confianza en las propias habilidades para reconducir un movimiento político cuyo sentido o cuya singularidad nace en otras cunas.
Hay muchos ejemplos: invocarlo sería sólo a los efectos de ilustrar este razonamiento de modo que prescindo. Sólo recupero una imagen, lejana en el tiempo pero viva en su estridencia: la del intelectual imaginado por Elia Kazan en ¡Viva Zapata!; sombrío y razonador, el personaje, que sigue al iluminado caudillo a sol y sombra, le sopla al oído lo que debe hacer aunque contraríe, muchas veces, lo que dictan el instinto y la naturaleza. Simplificación, sin duda, de una relación histórica, en la que hay ecos de la presencia de John Reed junto a Pancho Villa y a las ilusiones que él y otros intelectuales norteamericanos se hicieron cuando el caudillo hacía, a su vez, historia. Todo eso es lejano pero ilustrativo y excepcional, pero más frecuente es lo que ocurrió muchísimas veces con gente formada en las diversas izquierdas, y que todo le debía a ellas, que “entra” en el socialismo centrista y reformista (el libro de Isidoro Gilbert, La FEDE, presenta una lista bastante impresionante de personas bien instaladas en las estructuras del sistema que pasaron por la organización de la juventud comunista), o con ex guerrilleros que “entran” en los populismos seguramente con la sana intención de incidir, basados en sus valiosas experiencias, tanto en el lenguaje como en la línea o, incluso, se hacen funcionarios, elegidos o designados, poco importa, pero siempre razonadores, porque siempre razonaron, acerca del sentido de la historia al que ellos se habían acercado a veces con riesgo de la vida, aunque dicho sentido esté instalado, por el momento desde luego, en las residencias del poder o del privilegio.
viernes, 25 de junio de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
sábado, 22 de mayo de 2010
viernes, 21 de mayo de 2010
Pobrecitos
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden tenerlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuera comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.
Eduardo Galeano
jueves, 20 de mayo de 2010
macri PROcesado
lunes, 10 de mayo de 2010
miércoles, 5 de mayo de 2010
lunes, 19 de abril de 2010
jueves, 15 de abril de 2010
jueves, 8 de abril de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
lunes, 15 de febrero de 2010
Mmmmm... interesantes las nuevas tecnologías
http://www.flixxy.com/future-
martes, 9 de febrero de 2010
Yo fui un zurdito del Nacional de Buenos Aires
Amigos, les paso una nota de Hanglin, de la nacion.
Rolando Hanglin
Yo fui un zurdito del Nacional de Buenos Aires
Esto que voy a contar sucedió en 1961, cuando yo atravesaba mi tercer año en el venerable y amado Colegio Nacional de Buenos Aires, en la calle Bolívar. Ya por entonces, los adolescentes allí soportados estoicamente por el Rector Florentino Sanguinetti, que en paz descanse, ostentábamos el mismo perfil que los actuales alumnos. Estábamos intensamente politizados. De cada división de 40 chicos, unos 15 participábamos del centro de estudiantes, las asambleas, las conspiraciones, las bataholas entre "bolches" y "fachos".
En mi caso personal, me había asociado a la rama juvenil del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, conocido como MIR Praxis y orientado por un gran pensador, el doctor Silvio Frondizi, que luego moriría asesinado durante la dictadura militar. Cuando escribo "gran pensador" me refiero a su obra memorable en dos tomos, La Realidad Argentina, publicada en los años 50, donde Silvio pronosticaba la globalización económica y cultural, bajo el nombre de Integración Mundial del Capitalismo, etapa superior del Imperialismo.
Bien. Los adherentes juveniles pertenecíamos a la categoría de "activistas" mientras que otros, más adultos, figuraban como "militantes". Las actividades de Praxis, por aquel entonces, se reducían a una militancia discreta en las villas miseria, distribuyendo panfletos e intentando participar de asambleas o cooperativas obreras. Obviamente, los pobladores eran todos peronistas, de manera que nuestra visita les resultaba un poco incómoda. Pero nos toleraban.
Sobre todas las cosas, nuestra actividad política se centraba en el propio colegio. Escribíamos en revistas murales, impresas a mimeógrafo o mediante "rotaprint", participábamos de ardientes asambleas del Centro, debatíamos las obras de Franz Fanon, Antonio Gramsci, Hernández Arregui, Arturo Jauretche, Jean-Paul Sartre.
Nuestro archienemigo era el profesor de química, Luis Bontempi. Prohombre del colegio, columnista científico del diario La Prensa y anticomunista cabal. Bontempi era un hombre mayor (70 largos) que vestía siempre pantalón gris y blazer azul con botones dorados. Tenía unos pocos pelos blancos que coronaban su calva reluciente.
Bontempi entraba al claustro con cara de pocos amigos, sin saludar. En el acto se apagaba el murmullo de los alumnos. Permanecía en silencio un minuto o dos. Nosotros nos aquietábamos hasta que el profesor levantaba la cabeza y, mirándonos con seriedad, iniciaba su discurso con voz tonante:
- ¡Me jode... me jode...! - luego hacía una pausa y retomaba - ¡Me jode que se pongan de pie para saludar, se ve que tienen alma de lacayos! ¿A dónde fueron este fin de semana, a Odessa? ¿Los bolches ya recibieron la cartilla?
Bontempi sostenía que los bolches (nosotros) recibíamos desde Moscú una cartilla con instrucciones del Partido Comunista. A su juicio, dábamos un triste espectáculo en trenes y colectivos, manoseándonos con "pendejas sudadas". La cátedra de Química estaba salpicada por una serie de arbitrariedades y lagunas inconcebibles. Por ejemplo: los alumnos que portaban un apellido ilustre (recuerdo por ejemplo a Ortiz de Rozas, Peyrou, Telechea Aramburu y Charly Frondizi) recibían una nota generosa: 7 como mínimo. Otros de origen menos patricio debían conformarse con un 4. Yo, con apellido inglés, a veces zafaba con 6. Todo, independientemente de lo que escribiéramos en las pruebas escritas, que versaban siempre sobre temas que Bontempi no había explicado ni por las tapas.
Muchas veces fuimos a quejarnos a don Florentino, pero el sabio rector se encogía de hombros. Un poco, porque Bontempi era parte del riñón del colegio. Otro poco, porque Sanguinetti advertía que nosotros necesitábamos una contrapartida, un referente pedagógico del pensamiento conservador y autoritario. Es decir: que supiéramos que, saliendo de los libros de Eduardo Galeano e Ismael Viñas, había otra gente, otra realidad.
Cuando, al año siguiente, en su generosa modernidad, el rector Sanguinetti estableció el gabinete psicopedagógico y llenó el colegio de psicólogos, Bontempi estalló de ira.
Atrincherado en el gabinete de química (una especie de recinto cerrado) nos obligaba a formar fila como reclutas y allí, ordenándonos el silencio más absoluto, nos arengaba:
- ¿Saben cuál es la psicología? ¡Garrote! ¡Garrote y más garrote! ¡Sobre todo para los bolches!
En otras ocasiones, hallándose de buen humor, Bontempi nos explicaba alguna cosa sobre el sulfato de amonio o el cloruro de potasio, precipitados, reacciones y otras yerbas, siempre en tono rutinario. Como quien sabe que está diciendo algo aburrido. Y rematando la frase, expresaba quedamente:
- Todo esto sucede gracias al dedo de Dios.
Pausa. Bontempi respiraba. Alzaba la vista, abandonando por un instante las probetas y los frascos. Nos miraba.
- ¿Qué pasa, bolches? ¡Ya les ví la carita de asco! ¿No les gustó lo del dedo de Dios? ¡Así es, bolches, las cosas suceden porque lo manda Dios! Estos son los grandes misterios de la existencia, que no están al alcance de pendejos como ustedes...
Así nos chumbaba, diariamente, el brillante profesor Bontempi, de quien hemos aprendido mucho. Todos lo recordamos con afecto por su gran sentido del humor y su genial arbitrariedad.
Pero en aquel tiempo teníamos 15 o 16 años. Nuestro gran tema era "la revolución". La socialista, por supuesto. ¿Cómo sucederá? ¿Qué papel jugaremos en ella? ¿Será este mismo año, dentro de diez años, a la caída de Frondizi? Estábamos seguros de que, en un proceso histórico de irresistible aceleración, las bases obreras peronistas abandonarían a la burocracia de Andrés Framini, Augusto Vandor y José Alonso, para unirse a la vanguardia marxista con su partido armado (que éramos nosotros mismos, pero enfocados por una película de Sergio Eisenstein) y procederían a tomar el poder. Naturalmente, esta toma del poder no sería pacífica sino una verdadera revolución social, con la fórmula de la "guerra popular prolongada" (Ho Chi Minh en Vietnam) o el "foquismo latinoamericano" y finalmente el paredón de Fidel Castro y Ernesto Guevara. Eso sí: en el momento culminante de la revolución, todos los enemigos serían pasados por las armas. Como en la Revolución Rusa, la Francesa o la China. Paredones y horcas por todas partes, ya que "la violencia es la partera de la historia", según había establecido Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) o tal vez el mismo Karl Marx.
No nos atrevíamos a pensar que, en ese paredón, en esos patíbulos, serían inmolados nuestros propios padres y madres, tíos y tías, primos y primas, todos miembros de la aborrecible burguesía. Ese detalle lo dejábamos para una reflexión posterior.
Para nosotros no había nada más repulsivo que la burguesía. Siendo, nosotros mismos, hijos mimados de la burguesía argentina, enviados para nuestra educación a un colegio de excelencia histórica, sentíamos que todo lo burgués nos producía náuseas. El matrimonio burgués, las leyes burguesas, los prejuicios burgueses, la familia burguesa, los partidos políticos burgueses, las casas burguesas. En aquella época estaba de moda (entre nosotros) el arquetipo del "hombre total". Para entrar en ese molde, había que "militar". Quiero decir, realizar alguna militancia, pero no en el ámbito burgués sino en las villas obreras. Y además había que acostarse con la novia. La de uno, aclaremos. Esto nos consagraba como "hombres totales". No ya chiquilines con una noviecita burguesa para ir al cine o a tomar el té. ¡No! Una pareja militante, comprometida, involucrada, total, debía tener sexo. Y lo lográbamos, a nuestros 17 años, con chicas de 15, o más... o menos.
En fin: ese era nuestro universo mental. De aquella generación (promoción 64) saldrían los guerrilleros del año 70, cuando el izquierdismo se hizo repentinamente masivo y un remolino ideológico juntó a los trotskistas con los de la Fede (Federación Juvenil Comunista) a los social-cristianos con los tercermundistas, a los "facho-católicos" de la Guardia Restauradora Nacionalista con los "facho-populistas" de Tacuara y, todos juntos, desembocaron en el grupo Montoneros con sus agrupaciones paralelas: FAR, FAP, el ERP. Después sobrevendrían los asesinatos históricos (Aramburu, Vandor, José Alonso, José Rucci) la masacre de Ezeiza, la Triple A y la represión ilegal de Videla-Massera-Agosti.
La saga de los Montoneros sigue siendo -a mi modo de ver- la gran aventura histórica de nuestra generación. Muchos de mis compañeros del colegio están desaparecidos o muertos. Otros se exilaron. Algunos nos bajamos a tiempo del tren que conducía hacia el precipicio. Suerte. El destino que se cruza. Una novia providencial. O tal vez, sencillamente, no teníamos coraje para semejante empresa. Esas cosas. Por supuesto, están los que sobrevivieron y siguen dedicados a la política, pero ya con mucha experiencia y sin armas.
La aventura de Montoneros, como la Guerra del Paraguay, la Conquista del Desierto o la recuperación de las Malvinas, es uno de esos episodios de violencia cruel que salpican nuestra historia y no pueden dejar a nadie indiferente. Yo, al menos, leo todo lo que se publica sobre Montoneros y me conmueve encontrar nombres de ex -compañeros, porque... "yo pude haber estado ahí".
Algo debo decir para completar estos recuerdos: cuando éramos fervorosos militantes de izquierda, nunca nos interesaron los Derechos Humanos. Eran prejuicios burgueses. Eran principios que debíamos violar uno por uno, si pretendíamos realizar una verdadera revolución social con paredón, fusilados y eliminados. Aspirábamos a ser combatientes, no ciudadanos correctos de la democracia burguesa. La democracia nos parecía una estafa y un vil negocio de "marketing".
¿Cómo fue que los guerrilleros implacables se convirtieron en devotos de los derechos humanos? Eso no lo sé. Los derechos humanos eran propaganda yanqui, como lo demostraron sus grandes impulsores, Jimmy Carter y Patricia Derian, cuando hacían tambalear a los generales del proceso argentino. En mis tiempos, los DDHH no tenían nada que ver con la izquierda: eran una bandera del enemigo burgués. No comprendo cómo se operó la mutación que estamos presenciando.
¡Pero hay tantas cosas que uno no entiende!
Casi todas.
jueves, 4 de febrero de 2010
Y ahora, quien podra ayudarme? (a organizar mi closet)
lunes, 1 de febrero de 2010
LOS PECADOS DE HAITI por Eduardo Galeano
El voto y el veto
Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.
La coartada demográfica
A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado... de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.
La tradición racista
Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene "una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización". Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: "Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses".
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: "El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro".
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: "Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas". Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro "puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras".
La humillación imperdonable
En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.
El delito de la dignidad
Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.
Tomado de:
Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996.
viernes, 29 de enero de 2010
El avioncito!

¿Tu hijo no quiere comer? Probá con este tenedor
"Abrí grande que viene el avión". Si ya ni este versito funciona para que el nene coma la papa, este invento llega para solucionarlo todo.
Si sos fiaca para darle de comer a tu hijo y te cuesta incluso imaginar el famoso avioncito para que abra la boca, acá tenés la solución a tus problemas: este tenedor viene con esas alas que vos imaginabas de chico. Es de colores llamativos y tiene la forma de un auténtico monomotor. Su nombre es muy ingenioso: se llama Airfork One. Cuesta 25 dólares. Buscalo en la web y abrí grande.
lunes, 25 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Chistecito de abogados (esta vez para redimirlos)
En Inglaterra un reo estaba siendo juzgado por asesinato.
Había evidencias indiscutibles sobre la culpa del reo, pero el
cadáver no aparecía.
Casi al final de su alegato oral, el abogado, temeroso de que su
cliente fuese condenado, recurrió a un truco:
- Señoras y señores del jurado, señor Juez, tengo una sorpresa para todos", dijo el abogado, mirando hacia su reloj.
- "Dentro de dos minutos, la persona que aquí se presume asesinada, entrará en la sala de este Tribunal. Y miró hacia la puerta.
Los jueces, sorprendidos, también ansiosos, se quedaron mirando a la puerta.Transcurrieron dos largos minutos y nada sucedió. El abogado, entonces,
finalizó diciendo:
- Realmente, dije eso y todos ustedes miraron hacia la puerta con la expectativa de ver a la supuesta víctima. Por lo tanto, quedó claro que todos tienen
dudas en este caso, de que alguien realmente haya sido asesinado.
Por eso insisto para que ustedes consideren a mi cliente inocente".
(In dubio pro reo).
Los jurados, visiblemente sorprendidos, se retiraron para la
decisión final. Algunos minutos después, el jurado volvió y
pronunció su veredicto: - ¡Culpable!.
¿Pero cómo? - preguntó el abogado - yo vi a todos ustedes mirar fijamente hacia la puerta ¡Es para concluir que estaban con dudas!
- ¿Cómo condenan con duda?
Y el juez aclaró:
- Sí, todos nosotros miramos hacia la puerta, menos su cliente...
MORALEJA:
NO SIRVE DE NADA SER UN BUEN ABOGADO, SI EL CLIENTE ES UN BOLUDO.
viernes, 8 de enero de 2010
Seguramente esto no sea un hecho verídico...
Los tres últimos deseos de Alejandro "El Grande":
Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:
1 - Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los mejores médicos de la época.
2 - Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y...
3 - Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.
Uno de sus generales, asombrado por tan insólitos deseos, le preguntó a Alejandro cuáles eran sus razones. Alejandro le explicó:
1 - "Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos NO tienen, ante la muerte, el poder de curar..."
2 - "Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen..."
3 -"Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que venimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, cuando se nos termina el más valioso tesoro que es el tiempo...."
Al morir nada material te llevas, aunque las buenas acciones son una especie de cheques de viajero.
"EL TIEMPO" es el tesoro más valioso que tenemos porque ES limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo.
Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar, nuestro tiempo es nuestra vida.
EL MEJOR REGALO que le puedes dar a alguien es tu tiempo y SIEMPRE se le regala a la familia, a alguien especial o a un buen amigo.
Ole ole ole ole, groso grosoooooo
"Por su parte, Rafael Di Tella, de Harvard, realizó una investigación en la que relaciona el monto de publicidad oficial en diarios como CLARIN, LA NACION, PAGINA 12 y ÁMBITO FINANCIERO por un lado; y la cobertura de hechos de corrupción de esos mismos diarios por el otro. <
Asi que ojo al piojo que Nacho es MUY GROSO (lo cual, ya lo sabíamos, pero hoy lo corroboré :-P)














